lunes, 29 de marzo de 2021

Pedro Marina Cartagena

 http://www.sanpedroapostolcartagena.es/pedro-marina-cartagena


Pedro Marina Cartagena








Quizás una de las peculiaridades de la Agrupación, dentro de la Semana Santa de Cartagena, y de toda la Península, es la de tener a su Titular en la nómina de una empresa, en este caso, el Arsenal Militar. Ya es conocido, por anteriores apartados, la vinculación de San Pedro y la Armada desde su fundación en 1755. Cuando las autoridades militares, acabada la Guerra Civil, iniciaron la colaboración de nuevo con San Pedro, idearon una manera, diferente hasta ese momento, y a la vez bonita y simbólica: convertir al Santo en operario de la Maestranza con plaza en el Arsenal. Hubieron de pasar por algunas dificultades de tipo burocrático, subsanadas con muy buena voluntad por todos los estamentos militares.

El primer nombre conocido de San Pedro es el de Jesús Cartagena Pescador, operario de primera eventual, y de oficio ajustador.

Documentos cedidos por D. Alfonso Navia-Osorio Rodríguez.

 

Las noticias sobre este hecho se remontan a 1941 al aparecer San Pedro inscrito en el Taller de Arboladura del Ramo de Ingenieros bajo el nombre de Pedro Martín Belmonte con categoría de carpintero. A los pocos meses pasaba a pertenecer a la Maestranza Eventual, con el consiguiente riesgo; era el comienzo de sus vicisitudes profesionales, agravadas en 1944 al producirse un recorte de plantillas.

Documento Archivo Agrupación de San Pedro Apóstol.

 

Con todo el momento crítico para el tal Pedro Martín Belmonte vendría el 28 de enero de 1947, de una O. M. que obligaba a todos los operarios de la Maestranza Excedente a participar en un examen para poder permanecer en su puesto de trabajo; además, según su fecha de nacimiento en 1882, el Apóstol cumplía los 65 años, y no podía seguir en el empleo. La solución al difícil enredo partió del Comandante Jefe, D. Guillermo Díaz del Río: cesar al llamado “Pedro Martín Belmonte“, y volverlo a contratar. De esta manera, todavía precaria, continuaría hasta 1955 cuando, por disposición del Excmo. Comandante General del Arsenal, D. Luís Lalleman Menacho, y gracias a las gestiones de la Camarera del Santo, Dña. Concepción Navia – Osorio Aguirre, quedaba admitido como carpintero fijo de la Maestranza, con categoría de operario de Primera y en condición de “excedencia forzosa” y recortados sus emolumentos por ello. A la vez fue inscrito con un nuevo nombre mucho más significativo y simbólico: Pedro Marina Cartagena.

Documento Archivo Agrupación de San Pedro Apóstol.

 

Muchas son las anécdotas producidas en estos años por el operario “Pedro Marina Cartagena” en el Arsenal:

  • San Pedro ha tenido que pasar revisiones periódicas de tipo médico, hecho tenido en cuenta por el personal administrativo del Arsenal al hacer los listados, aunque los que se envían desde el Ministerio de Defensa provocan las risa y el regocijo, y algún despiste en los novatos.
  • En la primera campaña nacional de Declaración de la Renta de las Personas Físicas, San Pedro, no podía realizarla al “tener que firmar el declarante” (noticia de ámbito nacional en el programa radiofónico Protagonistas de RNE ).
  • Sufriría la “suspensión de pago” de su nómina varios meses en los años cuarenta por haber sacado alguien debajo de su trono barras de plomo, aprovechando la salida del Martes Santo (hecho no documentado, pero comentado mucho por los cartageneros). ”La broma” le costaba 15 días de arresto a un tal Manolo “ El Tiznao “, obrero del Arsenal y posible autor de la felonía.

Documento Archivo Agrupación de San Pedro Apóstol.

 

Mención especial de destacar, por la trascendencia del hecho y sus consecuencias, cuando en el Ministerio de Defensa tenía lugar en 1989 una Auditoría y, como es lógico, detectar una nómina a nombre de Pedro Marina Cartagena, sin complementos ni trienios. Como siempre hay en las oficinas correspondientes de Madrid algún oficial auditor cartagenero o que haya estado destinado en la ciudad, -en este caso sería el General Arribas de Pablo-, se aclaraba el tema, entre risas y comentarios alusivos. Para afianzar más el mismo y disipar dudas sobre el fin del dinero de dicha nómina, el entonces Almirante del Arsenal, invitaba, el Martes Santo de ese año, a su residencia del recinto militar al Secretario General del Ministerio de Defensa, D. José Enrique Serrano Martínez, quedando éste admirado y convencido de lo que representa Pedro Marina Cartagena para el Arsenal y la Semana Santa de esta ciudad.

 

Documento Archivo Agrupación de San Pedro Apóstol.

 

Esta simpática tradición continuó patente a través de un convenio suscrito en el año 2011 entre la Fundación Museo Naval y la Cofradía California. Dicho convenio ha sido sustituido en el año 2019 por un Protocolo General de Actuación entre la Armada Española y la Cofradía California, con el objeto de establecer un marco de colaboración entre ambas instituciones, encaminado a la realización de actividades culturales relacionadas con la figura de San Pedro Apóstol y su desfile procesional y con el mantenimiento y desarrollo de tradiciones referentes a la historia y a la cultura naval en la ciudad de Cartagena.

 

ASI RECIBE PERMISO PEDRO MARINA CARTAGENA. Martes Santo

 

Así recibe permiso Pedro Marina Cartagena


Una curiosa tradición marinera de Semana Santa en el Arsenal de Cartagena

Así recibe permiso Pedro Marina Cartagena, el empleado más antiguo de la Armada Española

@DefensaAviacionJue 24·3·2016 · 18:37

No creo que haya ninguna Armada, a excepción de la española, que pueda decir que tiene a alguien en nómima desde 1941, concretamente a un operario del Arsenal Militar de Cartagena que figura como carpintero de la maestranza

Semana Santa 2017: programa de actos que tendrán presencia de las Fuerzas Armadas

https://youtu.be/LHqEZ7b_8_I

El vídeo que veis sobre estas líneas, publicado por el canal de Youtube de AgenCYA, muestra la ceremonia en la que este operario recibió anteayer el franco de ría por parte del actual Almirante Jefe del Arsenal Militar de Cartagena, don Marcial Gamboa Pérez-Pardo.

Un empleado de la Armada que se pasa todo el año arrestado en el Arsenal

Lo que más sorprenderá a algunos es que este veteranísimo empleado de la Armada, de nombre Pedro Marina Cartagena, sólo sale una vez al año de estas instalaciones de la Armada. Y no es que esté en régimen de esclavitud. Año tras año, cada Martes Santo, Pedro se detiene en la Plaza de Armas, ante la residencia del Almirante Jefe del Arsenal de Cartagena, que le da permiso de salida (en lenguaje militar, franco de paseo o franco de ría) para pernoctar fuera de la base, con la condición de que regrese a ella antes de la medianoche del Miércoles al Jueves Santo. Y todos los años Pedro Marina Cartagena llega tarde, pues pasa la madrugada fuera, siendo arrestado sin salir del Arsenal durante un año.


El más santo de los empleados de la Armada Española

¿Cómo se explica tal reincidencia en un empleado de la Armada que ya debería estar escarmentado después de tantos arrestos? Pues resulta que Pedro Marina Cartagena no es otro que San Pedro. Cada año sale en procesión desde el Arsenal de Cartagena hasta el Templo de Santa María de Gracia. Antes de su salida, el Mayordomo Presidente de la Agrupación de San Pedro Apóstol de la Cofradía California -cuya procesión se sufraga con el salario del santo carpintero del arsenal, a modo de donativo de la Armada- solicita en su nombre el permiso de salida, y el Almirante Jefe del Arsenal preside una ceremonia en la que le concede al santo el franco de ría, advirtiéndole al santo de que ha de regresar la medianoche del día siguiente, aunque con la certeza de que tampoco cumplirá. A la vuelta, tiene lugar otra ceremonia en la que el Almirante le reprende por su retraso y le impone el arresto hasta el año siguiente.


Una relación laboral con la Armada que se remonta a 1941



Esta curiosa tradición marinera de procesionar al santo desde el Arsenal cada Semana Santa se remonta a 1755. A la procesión del Martes Santo se incorporan otros dos santos: San Juan, procedente del Parque de Artillería, y Santiago, procedente del Gobierno Militar. San Pedro fue puesto en nómina del Arsenal tras la Guerra Civil, en 1941, como Pedro Martín Belmonte, nombre de un operario del Arsenal fallecido en la contienda y que era miembro de esta cofradía. El primer problema administrativo para conservar su trabajo le llegó al santo en 1947, cuando una orden ministerial requirió a los operarios de la maestranza a pasar un examen para permanecer en su puesto. Pedro Martín figuraba como nacido en 1882, así que entonces cumplía ya los 65 años. La solución de la Armada fue volver a contratarlo. El 1 de mayo de 1955 quedó registrado el santo como Pedro Marina Cartagena, con la categoría de Operario de Primera Carpintero, según apunta la Cofradía California, y con DNI 99.999.999, según señala Cartagena de Hoy. Lo peculiar del número de su documento de identidad y el hecho de que no percibiese complementos ni trienios dio lugar a algunos problemas, primero con una auditoría hecha en 1989 y finalmente con la informatización del sistema de nóminas en 2011. El puesto del santo estuvo en peligro, pero en 2012 la cosa se solucionó cuando su nómina pasó a depender de la Fundación Museo Naval, fruto de un convenio entre esta entidad y su cofradía. Sea como fuere, Pedro Marina Cartagena sigue pidiendo permiso todos los años para salir del arsenal.


¡https://youtu.be/WLp9TJmmiDo

Sin duda una mujer con coraje, Caridad la Negra.

 

  HISTORIA DE LAS ROSAS NEGRAS Y CARIDAD LA NEGRA 

( Enlaces de la historia de las Risas de Caridad la Negra, y de la procesión de las promesas⤵️

https://youtu.be/4RWzHdiZQTo)



Cultura Monográficos de  Cartagena

‘Rosas negras para Caridad’, mujer coraje

Por cartagenadiario -11 junio, 20200

   


Todos los que somos de Cartagena hemos oído hablar del Molinete, el popular barrio castizo donde se encontraban los teatros y los bares más populares de la ciudad. Hay una historia que dice que el Jazz llegó a nuestro país por el puerto de Cartagena y que el primer sitio donde se tocó fue precisamente allí, en uno de los bares del Molinete, desde donde partiría a recorrer el resto de nuestra geografía.

Las personas más mayores son los que nos cuentan todas las historias de sus calles, de sus gentes, las obras que se representaban en los teatros y los distintos comercios, donde tanto trabajadores como público siempre tenían mil historias para contar. Los más jóvenes sólo conocerán estas historias de mano de quienes nos las cuentan, ya que actualmente todo ese barrio ha desaparecido y en su lugar hay un parque arqueológico, el más grande de Europa dentro de un área urbana.

Cuando los guías explicamos el Molinete, empezamos hablando del Arx Hasdrubalis y de la evolución de la colina desde época púnica hasta la actualidad y siempre hay alguien que se refiere a la colina como “el barrio chino” o “la petite Marsella”, ya que además de teatros y bares, también habían otros locales de dudosa fama, como el regentado por la protagonista de esta historia…

Había una vez una niña pequeña que vivía con su madre, quien para ganarse la vida atendía diferentes oficios. Uno de ellos fue el de posar para un famoso artista que se había establecido en Cartagena años antes. La mujer acudía al estudio de este hombre con frecuencia y en sus visitas se llevaba a su hija. La niña fue creciendo, hasta que se convirtió en una joven y guapa adolescente, de la que el artista se encaprichó, pidiéndole a la madre que permitiera que la chica fuera al estudio una vez a la semana para que posara para él, a lo que la madre accedió, diciéndole a la hija que hiciera todo lo que el artista le pidiera. Así fue como entró en la vida de nuestra protagonista el pintor Manuel Wssel de Guimbarda.

Contaba con apenas 14 años cuando ya posaba para él y poco después se convirtió en su amante. De esta época es el retrato que le hizo después de recibir un encargo por parte del consistorio de pintar una imagen de María Magdalena. Retrato que está colgado actualmente en el lado de la epístola en la Basílica de la Caridad. Nuestra protagonista se prestó a posar para el artista, luciendo su esbelto cuerpo y su bella y larga negra cabellera, por lo que se ganó el mote por la que se la conoció durante el resto de su vida. Caridad la Negra.



Ella se sentía orgullosa de la relación que tenía con el artista y él la introdujo en los círculos más selectos de la sociedad cartagenera de finales del siglo XIX. Una sociedad enriquecida por el resurgimiento de la minería y la importancia en el terreno militar. Él le presentó a alcaldes, oficiales del arsenal, personas importantes de negocios, la llevó a fiestas y la introdujo en un círculo donde todo era poder y riqueza, mientras que su madre intentó que se apartara de ese mundo que no era el suyo y la puso a trabajar por horas en una lavandería.

Una noche los invitaron a una fiesta y Wssel de Guimbarda se sintió indispuesto, por lo que le dijo a Caridad que acudiera sola. Entrada la madrugada, Caridad se dio cuenta de que la mayoría de las señoras se habían ido y que quedaban algunos caballeros y otras chicas de su edad. Ella también se dispuso a marcharse, cuando una de las chicas la cogió de la mano y le dijo que no se fuera, que la verdadera fiesta comenzaba en ese momento. Ella siguió a la chica, quien la introdujo en un cuarto, donde se vió envuelta en una orgía con otros hombres y mujeres que duró hasta bien entrada la madrugada.

Por la mañana, cuando despertó, junto a la mesilla encontró una nota y un fajo de dinero por el trabajo. Y así es como nos relatan que Caridad entró en el mundo de la prostitución, por casualidad y por estar sola en esa fiesta esa noche.

https://youtu.be/4RWzHdiZQTo

A partir de ese momento, la mente de Caridad cambió, ya que vió lo fácil que era ganar dinero y además tenía los contactos que había hecho durante su relación con Manuel Wssel de Guimbarda, por lo que se arriesgó a empezar a regentar un pequeño negocio, que situó al principio en la Calle San Vicente, en un lateral de la Basílica de la Caridad. Por aquel entonces, el negocio era pequeño y modesto y no contaba tampoco con empleadas para su prostíbulo, que pronto se hizo muy popular y al que acudían todos sus famosos conocidos.

De sobra se sabía que Caridad tenía un alma caritativa y piadosa y hacía honor a su nombre. Cuando alguien se encontraba en apuros, ya fuera mujer u hombre, todos sabían que podían ir a la casa de Caridad, ya que contaban con la seguridad de su ayuda y protección. Daba lo mismo que fuera una mujer a la que acababan de maltratar, que un hombre que intentara escapar de un encarcelamiento, quizás injusto, o de un militar escondiéndose para evitar un ajusticiamiento.

Ella abría su puerta a todos los necesitados y los sentaba a su mesa. Cuando se enteraba de que una mujer había dado a luz, enseguida llamaba a un chico del barrio para que le llevara un pollo para hacer un caldo. Si se enteraba de que la iglesia estaba haciendo acopio de alimentos para los más necesitados, rápidamente enviaba al chico con unas monedas como parte de su colaboración, pero a cambio sólo pedía una cosa…que todos supieran que eso venía de ella, por lo que el chico a viva voz tenía que decir su nombre, Caridad la Negra.

Poco a poco su pequeño negocio fue ganando fama y se trasladó a uno más grande situado en la Calle Adarve y con espacio suficiente para tener cinco o seis chicas trabajando a su servicio. A una de ellas, La Galatea, le tenía un cariño especial y se decía que siempre llevaba una foto suya en el bolsillo.

Caridad siempre intentó que sus chicas tuvieran la mejor vida posible, incluso intentando sacarlas del negocio buscándoles un marido, como hizo con La Galatea, a la que casó con un juez.

Sus chicas tenían la obligación de acudir un día a la semana a la Casa de la Salud, para pasar las revisiones y comprobar que estaban bien. Acostumbraban a mantener unas medidas extremas de higiene y estableció unos horarios de turnos y descanso e incluso un día a la semana de esparcimiento y salida al campo, para tomar el sol y cambiar de aires.

Caridad trabajó de prostituta y madame, regentando uno de los negocios más prosperos del Molinete. Por las tardes, a la hora del café, acudían los hombres que trabajaban en el consistorio y en oficinas, con los que Caridad charlaba sobre el panorama político actual, previo a la Guerra Civil. Después acudían los militares del Arsenal y ya entrada la noche el resto de los hombres.

Su local se convirtió en el hervidero de la ciudad, donde para encontrar a una persona importante, había que ir allí a preguntar y donde alguien podía ir y tener la seguridad de que la información no saldría de aquellos muros.

Caridad era una persona de sentimientos profundamente religiosos y tenía especial predilección por la patrona de la ciudad, su querida Virgen de la Caridad, a la que iba a rezar cada vez que podía, siempre escondiéndose de las señoras que sentían escándalo y vergüenza al tenerla a ella cerca y cada vez que iba, Caridad dejaba una rosa roja oscura a los pies de la virgen.

Pasó el tiempo y llegó la Guerra Civil. Unos días después, el 25 de julio de 1936 se produjo una rebelión en Cartagena que llevó a que un grupo de hombres llenos de odio y totalmente fuera de sí, comenzaran a saquear las iglesias, sacando, quemando y rompiendo las imágenes de los santos y vírgenes, retablos de los altares y todo cuanto encontraran a su paso. Una de las chicas de Caridad se enteró de que ya habían saqueado la Iglesia del Carmen y la de Santa María de Gracia y que se dirigían a la Iglesia de la Caridad, por lo que Caridad la Negra no se lo pensó, y armada con unas grandes tijeras y sus chicas con destornilladores y martillos se fueron a defender lo único que tenían. Allí se encontró con José López Gallego, fundador de Izquierda Republicana y los concejales José Martínez Nortes y Miguel Céspedes Pérez, alcalde de Cartagena, que también habían acudido junto con unos cuantos Guardias de Asalto para evitar una desgracia.

Los exaltados intentaron entrar al templo a la fuerza, los hombres del consistorio se pusieron en la puerta para proteger la entrada y Caridad no se lo pensó, cogió a sus chicas y se puso delante, gritando que la Virgen de la Caridad era lo único que tenían y que si también se la iban a quitar, que si no habían tenído ya bastante con todo el destrozo que habían hecho en las otras iglesias.

Alguien del grupo de los exaltados, probablemente ya cansado del deambular de un lado a otro, respondió que sí, que ya era suficiente, por lo que el grupo empezó a dispersarse, quedando así la iglesia y la virgen a salvo.

Años después, en 1947, después de acabada la guerra, Caridad fue a la iglesia como era su costumbre, en Lunes Santo, para depositar un ramo de rosas negras a los pies de su virgen. Cuando abrió las puertas de la iglesia, estaba repleta de gente y el primer banco de la iglesia estaba vacío. Ella iba acompañada de dos de sus chicas y al empezar a andar por el pasillo de la iglesia, con el inconfundible ruido de su taconeo sobre las losas del suelo, el cura le dijo “venga Caridad, que te estábamos esperando”. Dejó las rosas a los pies de la virgen y ocuparon el primer banco. Ese gesto de las rosas fue algo que se convirtió en tradición y que a día de hoy se sigue realizando.

Caridad sólo tuvo un amor durante toda su vida, a pesar de haber tenido amores con un tal “Maestre” que dicen que la dejó chata al lanzarla desde una ventana. Su gran amor fue un alcalde del consistorio y con el que estuvo más de 40 años, pero quien no se atrevió a hacer pública su relación con ella, dada su posición en el ayuntamiento, incluso después de haber quedado viudo.

Caridad murió en 1960 y se dice que el día de su sepelio llevó tal pompa y acompañamiento como lo hubiera llevado una reina y que los altos cargos del arsenal y del ayuntamiento iban presidiendo la comitiva fúnebre, excepto el hombre al que ella llamaba su marido, que por cobardía le vieron ir detrás de la comitiva escondiéndose por los portones y los callejones por donde iban pasando.

Caridad Norberta Martínez Pacheco es una mujer que no deja indiferente y cuando se lee su biografía y se habla con quienes la conocieron y trataron directamente, nos damos cuenta de la complejidad de su mente, de cómo supo adelantarse a su tiempo, de ser una mujer emprendedora, muy amiga de sus amigos, colega y servicial con quienes hacía falta, piadosa con los niños, protectora con otras mujeres necesitadas y dedicada a las obras de caridad.

Caridad sólo cometió un error para la sociedad de su época y fue ser prostituta y regentar el burdel más famoso de todo el Molinete y si cabe de toda la comarca y por eso era rechazada.

Sin duda una mujer con coraje, Caridad la Negra

https://m.publico.es/redirect/blogs/strambotic/2018/11/la-virgen-de-cartagena-que-fue-salvada-por-prostitutas//amp

https://josemuelas.org/2018/03/26/caridad-la-negra/






Desde mi admiración

Escrito por María José Pérez Legaz


Foto: archivo CEHIFORM


    



jueves, 18 de marzo de 2021

Dos recuerdos de noviembre del 2017

 

Dos recuerdos juntos
 dos en uno
 de diferentes días
 el calanchloe
 el regalo para Aurora
 es el dia 

que celebramos 
nuestros santos 
a la vez

 fue el momento idóneo
  en que me comentaste
 lo de Marín
 que yo sin titubear 
 te respondi 
de que sí,
 nada más contemplarlos  
 sin llegar a cerrar 
los ojos
 es como si no hubiesen
 transcurrido 




no hace falta cerrarlos 
 para rememorar
 es como si todos hubiesen
 transcurrido 

en este mismo mes
 o ayer
 es como si estuviese 
flotando
 en una pompa de jabón 
que a través 
de ella mirando el bodegón de remenbranzas
 ya recorro los lugares 
que visitamos, 
contemplando
 los caracoles y conchas 
nos observo  a las tres
 paseando

 por la playa de Loira,
 y los otros lugares
 hermosos
 de nuestra tierra 
que vimos el día siguiente
Que recuerdos 
maravillosos para no olvidar
Caxú (c)