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Capítulo I
Desde la parada del autocar,
se ve a través de una de las ventanas
de uno de los edificios,
a una chica
muy bella,
observando
a la gente que hay en el paradero,
a lo lejos se ve acercarse
al autobús, con nombre Rumbo Desconocido.
Hay una cantidad inmensurable de gente,
que no sabe cuál será su destino,
son personas trashumantes, que les gusta viajar
pasar
temporadas no muy largas
en los parajes
alli donde se queden.
Ella cierra los ojos,
se pone a rememorar,
viejos recuerdos
felices que pasó
cuando iba de vacaciones
con sus padres a su tierra natal.
Empieza por evocar
aquellos veranos
en los que salía
con su mejor amiga
Raquel, cuando iban
a la playa de Mogor,
cuando de casualidad,
por así decirlo,
se encontraban a Carlos,
uno de los hermanos de su mejor amiga,
junto con Balagones,
digo de casualidad,
porque cuando ella llamaba
por teléfono a su amiga
para avisarla,
siempre cogía
el teléfono él,
¡Qué bien se lo pasaban!, jugaban
al tenis, por así decirlo,
pues ellas no sabían jugar,
Carolina les dijo que no se rieran
de ella porque no sabía jugar al tenis,
- pero el reírse de gracia,
con buena intención
También se acuerda de cuando
estaban paseando
por los jardines de Marín,
la Alameda,
de cuando lo veían
a él junto con Balagones,
a ella el corazón
le palpitaba “a cien por hora”.
Ella salía de su casa ,
con un montón de cosas
para comentarle a él,
pero en cuanto lo veía
la mente se le ponía
en blanco.
Lo recuerda todo
como como si hubiera ocurrido ayer.
Le viene a la memoria,
el día que le comentó
a Carlos,
que cuando ella llamaba
a Raquel por teléfono,
que él siempre lo cogía, Carlos, le respondía
muy serio,
que eso no era cierto, gastándole una broma,
que era su otro hermano,
Alberto, el que cogía
el aparato.
Carolina muy segura
de sí misma, le responde,
que es él, el que lo coge.
Carolina- ¡Ya verás cómo mañana,
cuando llame a tu hermana,
verás cómo eres tú el que lo coge!
Efectivamente, así ocurrió,
al día siguiente le narró a Carlos,
sin enfadarse, ¡ves, como fuiste tú,
el que cogió
el receptor!, él sonrió.
De pronto se oye llorar al bebé
de Carolina, ella se dirige a su dormitorio,
hacia la cuna, se tapa la nariz,
pues Carlos, se ha hecho “pof, pof”,
le quita el pañal,
le lava el culete,
acto seguido le espolvorea con polvos
talco y le pone un pañal limpio,
acostándolo una vez más
en su camastro,
para dirigirse hacia la cocina
hacer la comida de los dos
y del bebé.
Haciendo la comida
una vez más vuelve
a evocar más recuerdos,
pero esta vez
es de cuando iban a Louro
a pasar quince días
en la casa de su primo cura.
Allí conoció a Fran y a Maria,
dos hermanos que son amigos
de su prima Carmen.
Carolina rememora aquel
día que fueron a casa de Maria, a buscarla, para que saliera
con ellas, la madre de María les abrió
la puerta
nada más ver a Carol, le comentó,
sin que ella le preguntarse nada,
que Fran estaba escribiendo una carta
a su padre, Carolina, pensó para si,
que a ella se le debía
de notar en la cara que le gustaba él,
aquel año ella tenía
15 años
él uno más que ella.
Llegado el verano siguiente, uno de los días,
en que salieron su prima, sus padres,
su primo cura, con ella,
Paseando por el paseo marítimo,
que estaba situado en la misma playa, observó, una pareja, ella rubia, regordeta de tez blanca como la nieve, que tenía un biquini ,
con el fondo blanco y flores grandes de color azul cielo, que no le pegaban nada a ella, el chico resultó ser Fran,
¡Qué guapo, por Dios!,
la moza era una chica francesa,
que tenía un perrito pekinés,
que se lo dejaba a la madre de los amigos de Carmen, porque su madre era alérgica al pelo de los perros.
–Encima de regordeta, le caía más gorda todavía a Carolina, porque había pescado al mozo que a ella le gustaba.
Carolina ha terminado de preparar
la comida de los tres,
ahora se dirige hacia
su alcoba, para coger
a su bebé y darle de comer
sus papillas de verduras.
Carlitos es rubio como su padre,
con ojazos color azul turquesa,
saló igualito, igualito que su papa;
está hecho un tragoncete,
le encantan mucho
las papillas que le prepara
sobre todo si llevan cereales.
Se lo arrima hacia su hombro derecho,
dándole unas palmaditas en la espalda,
para que eructe, de pronto se oyen
unos sonidos como gorjeos,
es muy especial eructando,
se pone a cantar
de pronto se oye “futa”,
su primera palabra,
Carolina, se emociona, piensa que ojalá
que estuviese Pedro en este mismo instante,
ella lo sienta en la trona,
pues ya tiene un año,
¡que rápido pasa el tiempo!,
exclama ella,
se pone a prepararle
el postre al pequeño,
una vez que ha terminado ,
le va dando cucharada a cucharada,
aprovecha e intenta enseñarle
a decir
mamá,
pero él ni caso ,
se pone a jugar,
a cantar,
¡bueno ya lo intentaré
más adelante, !
en esto se parece su gran amor Pedro.
Carol y Pedro comen mirándose fijamente
el uno al otro acarameladanmente,
al poco de terminar
Pedro se dirige hacia su lugar de trabajo,
ella le cambia el pañal al peque
lo viste arreglándolo
para salir,
a pasear
Una vez que ambos están listos para salir,
lo asienta en la silleta
hacia la entrada, abre la puerta y sale,
cerrando el portón
van paseando hacia
el Arsenal militar
donde trabaja Pedro,
hoy le toca hacer guardia, por eso su amada
le va a ver,
va a estar
con él un poco,
pues después de comer
Carolina irá a pasar
la noche con en casa de sus padres,
por si surgiera algo,
que su padre la pueda llevar en coche.